miércoles

FELIPE POLLERI entrevista en VIVO


Este viernes 18 de agosto a las 19:30 hselMontevideano Laboratorio de Artes en VIVO junto al escritor FELIPE POLLERI.


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La locura española de Leonora Carrington

La artista y escritora surrealista cruzó los Pirineos para ayudar a su amante judío Max Ernst y acabó en 1940, atada de pies y manos, en un psiquiátrico en Santander


El intento de conseguir un salvoconducto para Max Ernst, confinado en un campo de concentración en Francia, llevó a su amante Leonora Carrington a entrar en España recién acabada la guerra civil. En lugar de conseguir liberarlo, fue ella la que acabó encerrada en un sanatorio psiquiátrico de Santander, dirigido por el doctor Luis Morales. De aquella peripecia, más surrealista que la filosofía de sus propios protagonistas, quedó un relato tan real como alucinante escrito por la propia Carrington, que pretendía ser una mera catarsis y acabó publicado como Memorias de abajo. Un texto fundamental en la historia del surrealismo.

Ahora que celebramos el centenario de la artista británica finalmente afincada en México se reconstruye su desvío español, tanto mental como geográfico, en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el mismo Santander y en breve en el Hay festival de Segovia.

Leonora y Max Ernst se habían conocido en el restaurante Barcelona de la londinense Beak Street, con Man Ray, Lee Miller y los Eluard. Fueron amantes en Paris, donde André Breton la adoptó como “una de los suyos”, y se fueron a una casita de campo donde ambos produjeron una importante obra, incluido el autorretrato de ella La posada del caballo del alba. El avance nazi sobre Francia destruyó el idilio amoroso y artístico que Carrington y el pintor alemán desarrollaron en la localidad francesa de Saint Martin d'Ardeche. Tras ser arrestado él por segunda vez, una atribulada Carrington viaja en coche a España, vía Andorra, para buscar en Madrid un salida para Ernst.
En las entrevistas que mantuvimos hace una década en su casa de México, Carrington reconocía haber estado afectada por lo que llamaba un “síndrome de guerra”, perturbada, físicamente disminuida, mentalmente debilitada. Pero fueron su salidas de tono político en el Madrid del año cuarenta lo que llevo a las autoridades españolas, con el cónsul británico y con la aquiescencia de su potentado padre a encerrarla primero en un convento y después a trasladarla en coche al norte. Le administran tres veces luminal y una inyección en la espina dorsal: anestesia sistémica. Han vencido su resistencia. La entregan, como un cadáver, al psiquiátrico del doctor Morales, una casa jardín en Valdecilla. Su destino no buscado. Es atada de pies y manos. Medicada con cardiazol, equivalente al electrochoque. Una caída al abismo. Una locura forzada.
Medio año duró su encierro español, un episodio del que se negaba a hablar, “porque aún me produce mucho dolor”, según me confesó cuando ya había cumplido los 90. Fue el doctor Pierre Maville quien le aconsejó escribir sobre su cruda experiencia. “No sé cuánto tiempo permanecí atada y desnuda. Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible: creí que eran los espíritus de todos los españoles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisión. La magnitud de mi remordimiento hacía soportables sus ataques. No me molestaba demasiado la suciedad”. Terminó manejando la sórdida situación con una inteligencia prodigiosa, convirtiendo el escenario de su encierro en una especie de mapa prodigioso, con sus símbolos y constelaciones que le permitían buscar la salida a su caída en el hondo pozo de la locura.
El de Carrington puede inscribirse entre los casos de mujeres sometidas por haber ejercido su libertad sin límite. Gracias a la escritura —una maldición que salva, en palabras de Clarice Lispector— Carrington exorcizó sus males. En la clínica leyó a Unamuno, hizo horóscopos diarios para el doctor Morales, que acabo prendado de su inteligencia. Con una señorita de compañía abandonó Santander en tren rumbo a Lisboa, con parada en Ávila. “Era Nochevieja. Hacia un frío intenso. Paramos en Ávila, donde nació Santa Teresa. Había un tren largo con muchos vagones cargados de ovejas que balaban de frío. Era espantoso. Los españoles pueden ser atroces con los animales. Recordaré aquella ovejas sufriendo hasta el día que me muera. Era como el infierno.”
Más lúcida de lo que aparentaba, Carrington dio esquinazo a su protectora y en Lisboa se fue en busca del periodista y poeta mexicano Renato Leduc, que hacía funciones de secretario de embajada. Se casaron y dejó de estar a merced de la voluntad de su padre, o de Max Ernst, que también acabó saliendo de Marsella hacia el exilio vía Lisboa, de la mano de la millonaria Peggy Guggenheim. Tras un tiempo con el grupo surrealista reunido en Nueva York, la pareja marcha a México. Pese a su divorcio Carrington se quedará allí —en el país del surrealismo natural según su protector, André Breton— hasta el fin de sus días. Incluida hoy en el grupo de mujeres artistas surrealistas de Latinoamérica, su pintura está entre las más cotizadas, y sus relatos mantienen la frescura y las sorpresas de textos adobados por un profundo surrealismo.
En su casa de la colonia Roma, acabó rodeada de españoles, incluido el médico que asistió sus partos, José Horna, y su mujer la fotógrafa Katy, más su inseparable compañera en el arte y la vida, la ilustradora y pintora Remedios Varo. También trató a Luis Buñuel que la cita en sus memorias. “Un día, cuando llegamos a casa de un tal Mr. Reiss donde nos reuníamos regularmente, Leonora se levantó de súbito, entró en el baño y se dio una ducha completamente vestida. Después, chorreando, regreso a la sala, se sentó en una butaca y me miro fijamente. 'Eres un hombre apuesto', me dijo en español tomándome del brazo. 'Te pareces enormemente a mi guardián', del psiquiátrico de Santander". El desvío español en su viaje vital marcó para siempre el destino de la última surrealista.
El País de España 


https://www.youtube.com/watch?v=wkKRPPrN5KE&t=47s

martes

EL TEATRO Y SU DOBLE - ANTONIN ARTAUD


PREFACIO (1)

EL TEATRO Y LA CULTURA


Nunca, ahora que la vida misma sucumbe, se ha hablado tanto de civilización y cultura. Y hay un raro paralelismo entre el hundimiento generalizado de la vida, base de la desmoralización actual, y la preocupación por una cultura que nunca coincidió con la vida, y que en verdad la tiraniza.

Antes de seguir hablando de cultura señalo que el mundo tiene hambre, y no se preocupa por la cultura; y que sólo artificialmente pueden orientarse hacia la cultura pensamientos vueltos nada más que hacia el hambre.

Defender una cultura que jamás salvó a un hombre de la preocupación de vivir mejor y no tener hambre no me parece tan urgente como extraer de la llamada cultura ideas de una fuerza viviente idéntica a la del hambre.

Tenemos sobre todo necesidad de vivir y de creer en lo que nos hace vivir, y que algo nos hace vivir; y lo que brota de nuestro propio interior misterioso no debe aparecérsenos siempre como preocupación groseramente digestiva.

Quiero decir que si a todos nos importa comer inmediatamente, mucho más nos importa no malgastar en la sola preocupación de comer inmediatamente nuestra simple fuerza de tener hambre.

Si la confusión es el signo de los tiempos, yo veo en la base de esa confusión una ruptura entre las cosas y las palabras, ideas y signos que las representan.

No faltan ciertamente sistemas de pensamiento: su número y sus contradicciones caracterizan nuestra vieja cultura europea y francesa, pero, ¿dónde se advierte que la vida, nuestra vida, haya sido alguna vez afectada por los sistemas?

No diré que los sistemas filosóficos deban ser de aplicación directa o inmediata; pero una de dos:

O esos sistemas están en nosotros y nos impregnan de tal modo que vivimos de ellos (¿y qué importan entonces los libros?), o nos impregnan y entonces no son capaces de hacernos vivir (¿y en ese caso qué importa que desaparezcan?).

Hay que insistir en esta idea de la cultura en acción y que llega a ser en nosotros como un nuevo órgano, una especie de segundo aliento; y la civilización es la cultura aplicada que rige nuestros actos más sutiles, es espíritu presente en las cosas, y sólo artificialmente podemos separar la civilización de la cultura y emplear dos palabras para designar una única e idéntica acción.

Juzgamos a un civilizado por su conducta, y por lo que él piensa de su propia conducta; pero ya en la palabra civilizado hay confusión; un civilizado culto es para todos un hombre que conoce sistemas, y que piensa por medio de sistemas, de formas, de signos, de representaciones.

Es un monstruo que en vez de identificar actos con pensamientos ha desarrollado hasta lo absurdo esa facultad nuestra de inferir pensamientos de actos.

Si nuestra vida carece de azufre, es decir de una magia constante, es porque preferimos contemplar nuestros propios actos y perdernos en consideraciones acerca de las formas imaginadas de esos actos, y no que ellos nos impulsen.

Y esta facultad es exclusivamente humana. Hasta diré que esta infección de lo humano contamina ideas que debían haber subsistido como ideas divinas; pues lejos de creer que el hombre ha inventado lo sobrenatural, lo divino, pienso que la intervención milenaria del hombre ha concluido por corromper lo divino.

lunes

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA - “HERNÁN CORTÉS TENÍA UN HIJO QUE ADORABA, MIENTRAS QUE JEFFERSON VENDIÓ A SUS HIJOS MESTIZOS”



El éxito del libro «Imperiofobia y leyenda negra» (Siruela), que ya va por su quinta edición, ha sorprendido a su autora, María Elvira Roca Barea, sin una razón para explicarlo. ¿Está España en uno de sus momentos más bajos de autoestima? ¿Son los ataques a su historia lo que reclaman urgentemente este tipo de lecturas? «No creo que estemos peor que hace cuatro años, por ejemplo. La autoestima española está por los suelos desde hace siglos. Eso ya es una constante».

Autoestima, propaganda y leyenda negra son términos íntimamente relacionados. El Diccionario de la RAE define leyenda negra como aquella «opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI» y como «opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo». Frente a otros libros recientes que han analizado este fenómeno como algo ya superado, Roca Barea denuncia su fuerte penetración en corrientes culturales fundamentales en Europa. Del Humanismo a la Ilustración; del nacionalismo germánico al italiano... «Es difícil que la gente acepte una historia diferente de la que se escribió en el siglo XIX. En ese momento toda la propaganda protestante contra España se convirtió en historia normalizada», explica.

El origen de la falsificación y el odio

Los primeros cimientos de esta guerra de mentiras y medias verdades surgieron en la Italia del siglo XVI, aquella que frente a la superioridad militar de los aragoneses y los castellanos respondió al principio con ironía: «Dios s’era fatto Spagnolo» (Dios estaba de parte de los españoles). Del sarcasmo y la burla se pasó pronto al antisemitismo a través de la proclamación de que los españoles tenían sangre de «marranos», esto es, que se mezclaban con los judíos. Pero fue en su salto al Norte de Europa cuando el asunto adquirió realmente dimensiones racistas. «En el caso del nacionalismo alemán hay un antisemitismo muy violento y una inquina contra lo latino ya en el siglo XV. Es complicado encontrar el origen de tanto odio», sintentiza la autora de «Imperiofobia y leyenda negra».

Al valerse Carlos I de España y V de Alemania del oro y la infantería española para hacerse con el cetro imperial, los príncipes alemanes temieron que un emperador con poder real pudiera amenazar su independencia. «La religión solo fue una excusa. Había habido muchos luteros antes de Lutero, él solo fue el vendedor de una mercancía que necesitaban los nobles para fastidiar al emperador», sostiene Roca Barea.

El Imperio español sufrió un constante choque de trenes contra los nacionalismos emergentes del siglo XVI, del que acabó naciendo el protestantismo y la propaganda moderna. Al igual que su padre, Felipe II reaccionó con torpeza ante una rebelión en los Países Bajos instigada por la nobleza local y camuflada de guerra religiosa. «En ideologías como la protestante es necesario construir un enemigo común y colocarle todas las cualidades del mal. La contrapropaganda española fracasó estrepitosamente porque los pueblos católicos no han sabido manejarla. Felipe II pensaba que la verdad se terminaría imponiendo y eso pocas veces ocurre».

Nada más empezar el libro presentas tus cartas ideológicas y tus convicciones religiosas. ¿Es algo imprescindible para hablar de estos temas?

Era necesaria la presentación de mis cartas ideológicas porque al final este es un libro de opinión sobre la Historia. Pero no hay que ser de derechas o de izquierda para defender que ha existido una leyenda negra. Ha habido pocos españoles más allá de Julián Juderías y Loyot que hayan explicado realmente la envergadura de esta leyenda negra tan bien como Salvador de Madariaga. Y no se puede decir que Madariaga fuera ideológicamente de derechas.

Hay quien directamente dice que no existe esta leyenda negra o que ya no está en vigor.

Eso es porque han asumido un paquete ideológico donde la leyenda negra está presente. Hay que tener en cuenta que no existe el vacío: si se quita la leyenda negra del argumentario de muchas ideologías habría que relatar otra historia de Europa a modo de sustitución. Y es difícil que la gente acepte una historia diferente de la que se escribió en el siglo XIX, cuando toda la propaganda protestante contra España se convirtió en historia normalizada y oficial.
En el libro lo primero que explicas es que la imperiofobia es algo que han sufrido prácticamente todos los imperios.                        
La imperiofobia es muy habitual. Está muy arraigada en el ser humano como protesta al poder hegemónico. Los italianos vivían en una Europa dominada por los españoles y cuando se cabreaban decían que pareciera que eran los primogénitos de Dios. No obstante, cabe señalar que una cosa es este resquemor (algo inconsciente) y otra el proceso de construcción consciente que dio lugar a la leyenda negra. No es algo difuso, en el libro expongo que es una actividad muy bien organizada, donde ciertas oligarquías tienen un fuertísimo vínculo con los intelectuales y un control sobre los mecanismos con los que se escribe la historia.
¿Cómo es posible que algunos imperios hayan esquivado esta imagen tan negativa sobre ellos, como es el caso del Imperio británico?
El Imperio romano sufrió también su particular leyenda negra, pero hay procesos de reconciliación y rehabilitación que son efectivos a lo largo de los siglos. En el caso del Imperio británico, directamente no creo que fuera un imperio, porque el Colonialismo es un fenómeno diferente. Los imperios son fenómenos de expansión con integración por replicación, esto es, emplean grandes herramientas de integración de pueblos distintos. Por el contrario, el Colonialismo no genera mestizaje, ni cultural ni racial. Para los ingleses una cosa era la metrópoli y otra las colonias.
Es hasta cierto punto lógico que los enemigos de estos imperios inventen mentiras, pero en qué punto consiguen que los propios países calumniados asuman estas leyendas como ciertas.
Los imperios necesitan mantener viva la autocrítica para poder mejorar y aprender de los errores. En el caso español, la autocrítica ayudó a desarrollar el Derecho internacional en la Universidad de Salamanca y las leyes en defensa de los indígenas. Sin embargo, otra cosa es que esta crítica, ya negativa, sea asumida cuando los imperios ya ni siquiera existen. Lo sorprendente de España es su resistencia, su tenacidad y su capacidad de soportar todas estas mentiras. En el mundo británico la crítica está totalmente prohibida. Si alguien critica su historia desaparece de la visibilidad. Todavía no me he topado en mi vida con un solo inglés que supiera que Shakespeare era católico. Cuando se lo dices se quedan a cuadros y lo niegan.

EE.UU es el actual imperio y quien recibe el aluvión de críticas. ¿Las está gestionando mejor que España?

No sé si está teniendo más éxito. Los estudiosos norteamericanos de la leyenda negra española han entendido al momento lo que ocurrió con España y las similitudes con el caso de EE.UU. No hay un solo estudioso americano que haya negado en la actualidad la leyenda negra, mientras que algunos británicos como Henry Kamen han rebajado su importancia o han dicho que no tienen vigencia.
Al final la conclusión a la que llega la leyenda negra es que los anglosajones son superiores a los latinos.
Ese es el hilo sobre el que se ha extendido la idea generalizada hoy de que el norte es trabajador, virtuoso, cumplidor y los inventores del todo lo bueno de Occidente. Eso a pesar de que es manifiestamente falso. El primer avance hacia el lujo en el estilo de vida se produjo en la Italia renacentista, que cultivaba la elegancia y el bienestar.
¿Entonces en la prima de riesgo también hay rastro de la leyenda negra?
Ocurre siempre que hay problemas. En 2008, el norte con toda su propaganda volvió a excitar a la opinión pública en la idea que la culpa de la crisis la tenía el sur y su atraso crónico. La prima de riesgo ha subido en los países del sur y bajado en el norte, a pesar de que Alemania es quien más problemas de pago tuvo en el siglo XX y de que Gran Bretaña tuvo una crisis enorme en 1976. España, en cambio, lleva pagando todas sus letras sin fallar en sus obligaciones desde 1898. Te has preguntado alguna vez ¿qué une a todos los PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? Pues que ninguno es protestante.

Los europeos de su tiempo decían de los españoles que tenían su sangre contaminada por mezclarse con los judíos, pero luego uno de los puntales de la leyenda negra es el supuesto fanatismo español contra los hebreos. ¿Cómo es esto compatible?

Ha habido un montón de expulsiones de judíos en Europa y todas más terribles que en España, porque aquí no hubo un decreto de expulsión sino de conversión; y sin embargo solo se recuerda la de 1492 en el imaginario. Esto es porque en el origen del Sionismo los sefarditas magnificaron su importancia social en la Península ibérica y así justificaron la caída del Imperio español por las consecuencias de esta expulsión. Pero eso es imposible si precisamente un siglo después del decreto España se había convertido en el país más poderoso de Europa. Un relato exagerado de la importancia de los judíos en la España de los Reyes Católicos que además sirve a los protestantes para decir que los españoles tenían la sangre contaminada.
La Inquisición española es presentada muchas veces como el máximo exponente de la intolerancia religiosa en la historia.
El contexto en el que se desarrolla la Inquisición era de una intolerancia religiosa generalizada en Europa. Todo el mundo lo era, pero la diferencia estaba en cómo se gestiona esta intolerancia en cada territorio. Se podía hacer como en el centro de Europa con la persecución bárbara contra brujas o las quemas que hizo Calvino de los católicos; o bien como en España con el tribunal de mayores garantías procesales de su tiempo: la Inquisición. En este sentido, el primer autor que niega las cifras de la inquisición es un inglés estudioso del derecho del XIX que, comparando el derecho anglosajón con el derecho romano, llega a la conclusión que el Santo Oficio no pudo provocar tantos muertos con un proceso legal tan complejo.
A lo mejor el problema de la Inquisición para que perdure en la memoria no está en las cifras, sino en que se alargó mucho en el tiempo. Hasta 1834 no se abolió definitivamente.
Lo de alargarse en el tiempo no es buen referente, porque la Inquisición española terminó mucho antes de que fuera legal enterrar a un católico en Inglaterra. Tampoco es cierto que la Inquisición ejerciera una represión cultural realmente efectiva. Los memoriales de los arbitristas que elevaban a los Reyes Habsburgo o los textos de muchos clérigos eran altamente críticos con la Monarquía y a esa gente no le pasaba nada. Hay cosas que se escribían entonces que no se permitirían ni siquiera hoy. Esto generó un enorme espacio de libertad de expresión que el país aprovechó. Imagínate que el ataque de Francis Drake a Cádiz provocó un choteo increíble, lo que demuestra que nunca hemos tenido problemas a la hora de hablar de las derrotas como sí les ha pasado a los ingleses.

En la América hispánica también parecen haber callado profundamente estas cuestiones.

Políticos hispanoamericanos de derecha y de izquierda han acudido con frecuencia a píldoras de la leyenda negra para justificar el fracaso económico de Sudamérica. Aunque luego te encuentras con hechos irrefutables como es que la América hispánica en 1812 era mucho más rica que el norte. Mejores ciudades, más infraestructura, correos más rápidos que en Europa. Los americanos deberían reflexionar sobre qué ocurrió para que se produjera el empobrecimiento que de sus ciudades, la caída del poder adquisitivo de su población y, en el caso mexicano, la pérdida sustancial de territorio.
El genocidio provocado por los españoles en la población también resulta recurrente. ¿Existen datos que justifiquen esta idea?
Es una palabra muy ofensiva y demasiado fácil de pronunciar. Ni siquiera tenemos datos de cuánta población había antes de la llegada de Cristóbal Colón. Si sabemos que la gente estaba muriendo es porque los funcionarios de la Corona y los clérigos fueron informando y tomando medidas como la creación de hospitales y medidas de cuarentena. Los españoles eran muy pocos y necesitaban a la población local para levantar un imperio de esa magnitud. Si hubieran hecho como los ingleses en el norte, que estaban aislados y solo crecieron tras la independencia a base de la llegada de europeos, hubieran tenido un problema demográfico.
¿El mestizaje de los españoles demuestra que ellos no eran tan racistas?
Los españoles también eran racistas, pero nunca tanto como para entorpecer el desarrollo biológico. Hernán Cortés era racista pero tenía un hijo mestizo («los latidos de mi corazón») que adoraba más que a los legítimos; mientras que dos siglos después el presidente de los EE.UU. Thomas Jefferson vendió a los hijos que tuvo con una esclava negra. Esta incapacidad de los pueblos germánicos para mezclar su sangre es algo incomprensible ya desde tiempos de los romanos, que se asombraban de que sus soldados germanos pudieran estar años sin tener relaciones sexuales por no mezclarse con otras poblaciones.

domingo

GRANDES CIENTÍFICAS EN LA SOMBRA


La discriminación de género, la competitividad, el respeto a las jerarquías y el peso del conocimiento científico establecido jugaron en contra de las ideas revolucionarias de estas mujeres pioneras. El caso de Rosalind Franklin, marginada del descubrimiento de la estructura del ADN, no es único. Este recorrido por la ciencia del siglo XX revela grandes descubrimientos realizados por mujeres, cuyos méritos no fueron reconocidos en su momento:


Emmy Noether (1882–1935)

El teorema de Noether, que cumple 100 años en 2015, fascinó a las grandes mentes del siglo XX porque revela la íntima conexión entre las simetrías de la naturaleza y la forma de las leyes fundamentales de la física. Sencillo y profundo, es un todoterreno de la física teórica, que puede aplicarse tanto a la teoría cuántica de campos como a los básicos problemas de mecánica clásica de bachillerato. Este teorema fue su primer trabajo al llegar al departamento de matemáticas de la Universidad de Gotinga en 1915, donde no podía impartir clases, porque Emmy Noether era una mujer.

Las barreras de género fueron una constante en su carrera. Para seguir los pasos de su padre, un gran matemático alemán, Emmy tuvo que asistir como oyente a las clases en la universidad, que a principios del siglo XX aún no aceptaba oficialmente a mujeres. Cuando por fin pudo licenciarse estuvo trabajando en el Instituto Matemático de Erlagen durante 7 años, sin recibir sueldo y sin que la reconocieran como profesora. En 1919, ya en Gotinga, por fin recibió la autorización para enseñar pero con un título no oficial de profesora ayudante. Fue lo más que consiguió, a pesar de liderar un equipo con prestigio mundial y de que sus discípulos sí fueron aceptados como investigadores y profesores titulares.

Emmy Noether hizo grandes aportaciones a un campo muy innovador de las matemáticas, el álgebra abstracta. Y cuando estos méritos empezaban a ser reconocidos fue expulsada de la universidad, porque era judía. Los nazis acababan de llegar al poder y Noether se exilió a EEUU en 1933, donde murió dos años más tarde. Einstein escribió un obituario en su honor en The New York Times, donde la definió como «la genio creativa de las matemáticas más significativa desde que comenzó la educación superior para las mujeres».


Cecilia Payne (1900–1979)

La astrónoma que descubrió la composición del Sol también tuvo una carrera marcada por la discriminación de género, sobre todo en su Inglaterra natal. Allí estudió ciencias en la Universidad de Cambridge y pudo asistir a conferencias de grandes científicos pero no pudo licenciarse, porque Cambridge no daba títulos universitarios a mujeres (y no lo hizo hasta 1948). Cecilia Payne quería ser científica y para ello tuvo que emigrar en 1923 a Estados Unidos, donde empezaba a haber becas para atraer a las mujeres hacia la investigación en astronomía.

Payne consiguió una beca para hacer el doctorado en el Observatorio de Harvard, aunque el título se lo dio una universidad asociada, porque Harvard era aún exclusivamente masculina. De su tesis doctoral, presentada en 1925, se dijo entonces que “sin duda es la tesis más brillante que se ha escrito en astronomía”. Y eso que Henry Norris Russell, un colega que se la revisó, la convenció para que retirara de ella una conclusión importante: la novata Cecilia Payne proponía en su primer trabajo astronómico que el Sol estaba compuesto en un 99% por hidrógeno.

Era una idea revolucionaria, pues entonces el consenso científico asumía que nuestra estrella era de mayormente de hierro (un 65%), con una composición similar a la de la Tierra. Russell, como el resto de astrónomos, no se tomó muy en serio el atrevimiento de Payne hasta que años más tarde llegó a la misma conclusión por otro camino. Entonces él se atribuyó el mérito, aunque citó brevemente a Payne en su publicación científica, y durante muchos años se le reconoció como autor del descubrimiento.

Mientras tanto, Cecilia Payne siguió observando las estrellas, avanzando en el estudio de su evolución y de la estructura de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Y también empezó a destacar en Harvard como una profesora sobresaliente y apasionada. Pero extraoficialmente, porque en teoría solo era una asistente técnica y sus cursos no estaban en el catálogo oficial. Tuvieron que pasar 15 años hasta que se le reconoció como astrónoma y 31 años hasta que en 1956 fue la primera mujer aceptada como profesora titular en la principal facultad de la Universidad de Harvard, donde también fue la primera mujer que dirigió un departamento.Su trayectoria académica abrió camino e inspiró a grandes científicas que vinieron después.


Marthe Gautier (1925)

A punto de cumplir 90 años, Marthe Gautier sigue luchando porque se reconozca su papel en el descubrimiento de la causa del síndrome de Down. El tanto se lo apuntó Jérôme Lejeune, otro pediatra de su equipo en el Hospital Trousseau de Paris. Fue este grupo el que sin duda descubrió en 1959 que el síndrome de Down lo provoca un trantorno genético, por el que los afectados tienen un cromosoma más de los 46 que caracterizan el genoma humano.

Lejeune figura como primer autor en el artículo científico que difundió el descubrimiento, y Gautier aparece en segundo lugar. A partir de ahí Lejeune continuó su carrera comogenetista, estudiando otras anomalías en los cromosomas. Y creó una fundación, que desde 1970 comenzó a promoverlo como único autor del descubrimiento. Jérôme Lejeune (1926–1994) aspiraba a recibir el premio Nobel y creía que no se lo concedieron principalmente por su activa posición como antiabortista.


La versión de Gautier es diferente. La investigadora francesa sostiene que fue ella quien apuntó hacia la existencia de un cromosoma número 47, pero no pudo encontrarlo porque su microscopio no era suficientemente potente. Así que le pasó sus muestras a Lejeune, quien pudo ver el cromosoma extra y fotografiarlo en un laboratorio mejor equipado. Según Gautier, su colega ya se atribuyó el mérito del descubrimiento en un congreso celebrado en Montreal (Canadá) en 1958 y la dejó completamente de lado en la redacción del artículo publicado en 1959. La controversia sigue viva en los tribunales. En enero de 2014, Marthe Gautier iba a recibir en un congreso el reconocimiento de la Federación Francesa de Genética Humana pero la Fundación Lejeune acudió a los tribunales y la intervención de Gautier fue cancelada.


Lise Meitner (1878–1968)

Por encima de Rosalind Franklin, la física austríaca Lise Meitner es el caso más evidente de descubrimiento científico realizado por una mujer e ignorado por el comité de los premios Nobel. Fue ella quien se dio cuenta en 1938 de que se había producido una fisión nuclear en los experimentos realizados por sus colegas en el laboratorio. Y fue uno de ellos, Otto Hahn, quien recibió el premio Nobel de Química en 1944 por el descubrimiento.

A Lise Meitner le faltó el reconocimiento oficial, pero no el compañerismo: Otto Hahn la nombró nueve veces en su discurso de aceptación del Nobel. Habían trabajado juntos durante tres décadas hasta que, en el año de su gran descubrimiento común, Meitner tuvo que huir de la Alemania nazi.
Otto Hahn le ayudó a escapar hacia Suecia y Lise Meitner siguió colaborando con él desde su exilio. Meitner siempre reconoció el mérito del experimento de Hahn, pero fue ella quien primero supo interpretarlo correctamente con un artículo publicado en la revista Nature, donde apareció por primera vez el término “fisión nuclear”, y apuntó la posibilidad de una reacción en cadena. Aquello hizo reaccionar a los EEUU, que intentaron reclutarla sin éxito para el proyecto Manhattan: «No quiero tener nada que ver con una bomba», declaró.


Jocelyn Bell (1943)

La astrónoma norirlandesa Jocelyn Bell nunca ha querido entrar en la polémica de su exclusión del Nobel de Física en 1974. Le resta importancia y no lo ve como una discriminación de género, sino como una cuestión de jerarquía entre un estudiante y los investigadores que lo supervisan, «que deben llevarse el crédito de los éxitos y fracasos, salvo en casos excepcionales. Y este no lo es».

Como estudiante de doctorado, Bell ayudó a construir un radiotelescopio en la Universidad de Cambridge y comenzó a estudiar las señales que captaba del espacio profundo. Revisaba metros y metros de papel impreso con gráficas, hasta que un día de 1967 descubrió unas extrañas marcas, demasiado rápidas y demasiado regulares. Reconoció que allí había algo importante, aunque no supo lo que era. Ella y su director de tesis, Anthony Hewish, denominaron a aquella señal LGM (siglas de Little Green Men, “hombrecillos verdes” en inglés), bromeando con la posibilidad de que fueran señales enviadas por extraterrestres.

Más adelante se comprendió que aquellas extrañas señales eran emitidas por una estrella de neutrones girando a gran velocidad, que fue denominada púlsar. El comité de los Nobel reconoció a Hewish por el descubrimiento de los púlsares pero ignoró a Jocelyn Bell, lo que desató la reacción airada de eminentes científicos en la primera ocasión en que la Academia Sueca premiaba un trabajo de astronomía. Para uno de ellos, Iosif Shklovsky, Bell había realizado «el mayor descubrimiento astronómico del siglo XX».

Rosalind Franklin (1920 – 1958)
Lo único que está claro en el caso de Rosalind Franklin es que no se le negó el premio Nobel por discriminación de género. Ella murió en 1958, cuatro años antes de que la Academia Sueca premiara a su colega Maurice Wilkins y a sus rivales James Watson y Francis Crick, por el descubrimiento de la estructura molecular del ADN. Y el nobel no puede concederse a título póstumo.

Cuando Franklin murió, a los 37 años de edad, se le reconoció el mérito de sus investigaciones sobre las estructuras del carbón y de los virus. Pero en su obituario no se mencionó nada del ADN. En gran parte porque hasta después de su muerte la estructura del ADN (que ayudó a descifrar en 1953) no se consideró completamente probada; ni siquiera se reconocía la importancia biológica de la que hoy se considera unánimemente como “la molécula de la vida”.

Así que nunca sabremos si Rosalind Franklin hubiera compartido el Nobel de Medicina en 1962. Pero lo que es injusto es que ni Watson ni Crick ni Wilkins la mencionaran en sus discursos de aceptación, porque la famosa imagen de difracción de rayos X obtenida por Franklin (la llamada “Fotografía 51”) les dio a ellos una pista crucial sobre la correcta estructura en doble hélice del ADN.
Solo años más tarde, en su relato autobiográfico “La doble hélice” (1968), Watson empezó a reconocer la contribución de Franklin a su descubrimiento, aunque lo hizo en medio de comentarios negativos sobre ella. Se ha escrito mucho sobre esa polémica. Si aquel fue un caso de sexismo, de intensa competitividad, de choque de personalidades entre Watson y Franklin… o incluso de antisemitismo soterrado (ella era judía).

También se ha discutido mucho si la contribución de Franklin merecería compartir aquel premio Nobel. Pero lo que es mucho menos conocido es que ella hubiera merecido aún más un segundo premio, el Nobel de Química de 1982 otorgado a su discípulo Aaron Klug “por el desarrollo de los métodos cristalográficos para descifrar la estructura de los complejos proteínicos de los ácidos nucleicos”. Es muy probable que, si ella hubiera vivido suficiente, ambos hubieran compartido ese premio, que reconoció el trabajo iniciado por Franklin y continuado por Klug.

Sin embargo Rosalind Franklin murió muy joven, por un cáncer de ovario probablemente causado por su trabajo sin protegerse de los rayos X, que nos revelaron el secreto de la vida, pero que pudieron dañar su propio ADN y desencadenar el cáncer.

Henrietta Swan Leavitt (1868-1921)
A comienzos del siglo XX, cuando las mujeres aún tenían prohibido trabajar con telescopios, la astrónoma americana Henrietta Swan Leavitt descubrió una ley en las estrellas que permitiría calcular por primera vez grandes distancias en el Universo. Lo hizo tras revisar miles de fotografías de las estrellas que forman dos galaxias enanas conocidas como Nubes de Magallanes. En aquellas instantáneas encontró que un tipo de estrellas, las Cefeidas, mostraban una relación entre luminosidad y parpadeo.

En 1893 Leavitt empezó a trabajar en el grupo de computadoras humanas del Observatorio de la Universidad de Harvard, mujeres contratadas para realizar monótonas tareas como examinar fotografías de estrellas o hacer cálculos matemáticos. En 1908 publicó su descubrimiento sobre las Cefeidas en el Anuario del Observatorio, donde explicaba que estas estrellas parecían seguir un patrón, las más luminosas parpadeaban más lentamente. En 1912 enunció la relación periodo-luminosidad o Ley de Leavitt, que determina la relación directa entre la luminosidad media de las Cefeidas y el periodo de su parpadeo. La Ley de Leavitt abrió el camino para medir la distancia a la que están muchas galaxias, y fue imprescindible para que en 1918 Edwin Hubble calculase el tamaño de la Vía Láctea.

Leavitt trabajó en el Observatorio de Harvard hasta su muerte a los 53 años. Durante su silenciosa carrera (era sorda) descubrió cerca de 2500 estrellas. Como muchas otras científicas del siglo XX, Leavitt no recibió reconocimiento en vida. Hoy se recuerda su enorme contribución a la astronomía con un cráter en la Luna que lleva su nombre y con el asteroide 5383 Leavitt.

(OpenMind)  

LAS MUJERES HICIERON LA MAYORÍA DE LAS PINTURAS RUPESTRES EN ESPAÑA Y FRANCIA


Un arqueólogo de la Universidad de Pennsilvania, Dean Snow, ha realizado un estudio en las cuevas con pinturas rupestres de España y Francia que arroja una conclusión sorprendente: la mayoría de las impresiones fueron realizadas por mujeres. ¿Cómo pudo saberlo?

Ha comparado el tamaño de los dedos que aparecen donde los hombres de hace muchos miles de años (de 12,000 hasta 40.000 años de antigüedad) dejaron pintados en los muros de las cuevas. Lo hicieran como amuleto, o como marcas de su paso por el mundo, lograron que sus pinturas perdurasen gracias a una sencilla técnica: espurreaban los pigmentos desde la boca sobre la mano apoyada en la pared y el hueco que dejaban aparece retratada.

Snow ha comparado la longitud de los dedos (sobre todo la proporción entre el índice y el anular, y también frente al meñique) y el volumen de la mano, de forma que, utilizando un sencillo algoritmo, esos datos arrojan conclusiones sobre si la mano perteneció a un hombre o una mujer. Snow le otorga a su estudio una exactitud del 60 %.

Parezca mucho o poco, lo cierto es que el resultado es sorprendente: 24 de las 32 manos analizadas eran femeninas. Se da la circunstancia de que las diferencias por sexos son mucho más marcadas que en las manos de los hombres que hoy poblamos la tierra. Es decir que la conclusión es que el 75 % de las manos que estudió Snow son de mujer. El estudio aun no ha salido en revistas científicas de pares, pero National Geographic ha publicado un adelanto. Aunque aun es pronto para aceptar todas sus conclusiones, el debate científico ya ha comenzado.

En la revista aportan una reflexión evidente: el hecho de que las más antiguas y llamativas pinturas rupestres realizadas por el hombre en las cuevas representasen animales y escenas de caza ha llevado a suponer que los primeros artistas fueron hombres. El hombre era el cazador en las sociedades primitivas. Snow piensa que "cuanto más sabemos de estas pinturas más tenemos que replantearnos nuestro conocimiento de aquellas sociedades". Las mujeres se involucraban en la caza para transportar y despiezar y cocinar los animales. Ahora, además, se puede concluir que tuvieron un gran protagonismo en las pinturas de las cuevas.

Las más importantes cavernas con manos pintadas son las de El Castillo y Maltravieso en España y las de Gargas, Tibiran y Pech-Merle. Pero hay improntas en muchas más cuevas: en España Atapuerca, Altamira, El Pindal, Santián y la Pasiega. En Francia se encuentran en Le Portel, Badeilhac, Ganties-Montespan, Trois-Freres, Rocadour, Cap Blamc, Sergeac, Font-de-Gaume, Bernifal, Combarelles, Beyssac, Arachambeau, Bara-bahau, Baume-Latrone, Collias y Grotte du Bison. También hay manos pintadas en cuevas de Argentina, Borneo, África y Australia.

(ABC.ES / 18-10-2013)
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