domingo

(5ta entrega) 11 AÑOS de elMONTEVIDEANO LABORATORIO DE ARTES




https://www.youtube.com/watch?v=TducOLq-5cU&feature=youtu.be

Cuando fundamos elMontevideano / Laboratorio de Artes lo hicimos convencidos de que la cultura oriental-uruguaya que nos precedió y basamentó siempre fue construida a empujonazos y decidimos colectivizarnos y popularizarnos con una vocación detheatrum sacrum barroco post-tridentino. Y las cifras de visitantes que se disparan en nuestros blogs a nivel nacional o global nos confirman todos los días que la madre humanidad nunca pidió la guerra sino la comunicación a través de los símbolos sosegadores de la verdad absoluta.

Preferimos remitir al lector a las notas tituladas Dos jornadas artiguistas No fim tudo dá certo

Hugo Giovanetti Viola

NANCY HOROWITZ - LA NECESIDAD DE PLASMAR UN UNIVERSO MUSICAL EN IMÁGENES


El viernes 12 de agosto se inauguró -en el marco de las actividades celebratorias de los 160 años del Teatro Solís y con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Embajada del Uruguay en Austria y el grupo Viena / Montevideo- la muestra de la fotógrafa y violista uruguaya NANCY HOROWTIZ titulada MUSIC STARS (un vínculo visual entre las calles y los escenarios).

Horowitz nació en Montevideo, donde cursó estudios de arquitectura y música, y reside ya hace casi dos décadas en Viena, donde comparte su actividad artística entre la música y la fotografía.

Como violista, ha integrado las orquestas de la OSSODRE / Filarmónica de Montevideo / Wiener Kammerphilharmonie / Orquesta de la Radio y la Televisión Austríaca (RSO Wien) / Ópera Popular / Wiener Mozart Orchester / TON / Wiener Symphoniker, desarrollando su actividad concertística en Europa, Asia y América.

También ha realizado exposiciones individuales en Sao Paulo, Rio de Janeiro, Asunción del Paraguay, Viena (Siebenstern Galerie, Café Schwarzenberg, Academia Nacional de Música, Casa de la Música, WEST 46), Tokio (Suntory Hall), Zürich (Museo Johann Jacobs), Barcelona / Vic (Vesprades de Gener), Feistritz: Festival “Harriet and Friends”, y Fest / Spiel / Haus / St Pölten, Grafenegg, obteniendo los premioz “Rosa Pardo de Fotografía” en Madrid y “Casa de la Música” en Viena.

En los últimos años se ha especializado en el retrato de artistas (tanto del primer nivel del espectáculo como de intérpretes callejeros) entre los que se destacan personalidades del mundo de la música, el teatro y la televisión, como Erwin Steinhauer, Vladimir Ashkenazy, Mirga Grazinyte-Tyla, Carlos Kalmar, Christian Altenburger, Harriet Krijgh, Hugo Wolf Quartett, Janina Baechle, Altenver Trío, Mozarteum Orchester Salzburg, TON, RSO Wien, Amiram Ganz, Hans Graf, Christoph Eschenbach, Elisabeth Kulman, Belcea Quartett, Álvaro Pierri, Leopold Hager, y una serie de retratos individuales de todos los integrantes de la Tonkünstler Orchester Niederösterreich.

Sus trabajos han sido publicados por Sony, Extraplatte, Capriccio, Edition Phönix, VSM Musical Treasures, Gramola, ORF, Classics Live, z + p, Classic Concerts Records, Challenge Classics. ACT, Intuition, Wien & Co y Cicero, entre otros sellos y medios especializados.

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¿Cómo fue el ambiente artístico “amniótico” que te nutrió artísticamente durante la infancia?


En mi infancia siempre estuve rodeada por la música, aunque ni yo misma me diera cuenta del todo. Recuerdo que el primer tocadiscos que tuve fue un artefacto de metal pintado de rojo y que el primer disco que escuché (curiosamente comprado en el “Disco”) fue uno de Zino Francescatti ejecutando obras de Kreisler.

También recuerdo a mi hermana estudiando y teniendo la suerte de escuchar a esa clase de artistas que es imprescindible conocer. Posteriormente llegaron los tiempos de mis estudios, donde frecuentaba amigos que eran muy artistas y hablaban de cosas que yo a veces no alcanzaba a comprender completamente, aunque toda esa información iba quedando en algún rincón de mi cabeza.

Todos los sábados, además, visitaba el teatro para escuchar los ensayos entre bambalinas, y desde niña bailaba al son de música Kletzma en los casamientos en los que mi padre tocaba con su orquesta.

Todo era un espectáculo… Y a la vez era vida normal…

¿Cuándo empezó a producirse esa particular interpenetración sinestésica entre los colores musicales y los plásticos que hoy irradian tan misteriosamente tus trabajos fotográficos?

Se trata exactamente de un misterio... Un misterio que la mayor parte de las veces aparece apenas unos minutos antes de un “shooting" o incluso durante él.

¿Podemos atribuir a la extraordinaria armonía cultural vienesa ese impulso que te lleva a ordenar los paisajes (García Lorca dixit) en el que viven una misma aventura músicos tan aparentemente disociados como los callejeros y los que relucen entre las marquesinas? ¿Pensás que la espiritualidad popular crea una comunicación capaz de sobrevolar y purificar la alienación que nos produce el glamour consumista?

Creo que esa "espiritualidad popular" puede desarmar a lo más elaborado porque es más fácil identificarse con ella. Sin embargo la parte de nosotros que quiere soñar (un sueño sin consecuencias) necesita un poco de glamour.

Yo no sé hablar de arte, pero tengo claro que lo que necesito es  transformar la realidad, o mejor dicho, plasmar mi realidad en imágenes.

ROBERTO ARLT - EL HOMBRE CORCHO


(De Aguafuertes porteñas)

El hombre corcho, el hombre que nunca se hunde, sean cuales sean los acontecimientos turbios en que está mezclado, es el tipo más intere­sante de la fauna de los pilletes.

Y quizá también el más inteligente y el más peligroso. Porque yo no conozco sujeto más peligroso que ese individuo, que, cuando viene a ha­blaros de su asunto, os dice:

-Yo salí absuelto de culpa y cargo de ese proceso con la constancia de que ni mi buen nombre ni mi honor quedaban afectados.

Bueno, cuando malandra de esta o de cualquier otra categoría os di­ga que “su buen nombre y honor no quedan afectados por el proceso”, pónganse las manos en los bolsillos y abran bien los ojos, porque si no les ha de pesar más tarde.

Ya en la escuela fue uno de esos alumnos solapados, de sonrisa falsa y aplicación excelente, que cuando se trataba de tirar una piedra se la al­canzaba al compañero.

Siempre fue así, bellaco y tramposo, y simulador como él solo.

Este es el mal individuo, que si frecuentaba nuestras casas convencía a nuestras madres de que él era un santo, y nuestras madres, inexpertas y buenas, nos enloquecían luego con la cantinela:

-Tomá ejemplo de Fulano. Mirá qué buen muchacho es.

Y el buen muchacho era el que le ponía alfileres en el asiento al maes­tro, pero sin que nadie lo viera; el buen muchacho era el que convencía al maestro de que él era un ejemplo vivo de aplicación, y en los castigos colectivos, en las aventuras en las cuales toda la clase cargaba con el muer­to, él se libraba en obsequio a su conducta ejemplar; y este pillete en se­milla, este malandrín en flor, por “a”, por “b” o por “c”, más profun­damente inmoral que todos los brutos de la clase juntos, era el único que convencía al bedel o al director de su inocencia y de su bondad.

Corcho desde el aula, continuará siempre flotando; y en los exáme­nes, aunque sabía menos que los otros, salía bien; en las clases igual, y siempre, siempre sin hundirse, como si su naturaleza física participara de la fofa condición del corcho.

Ya hombre, toda su malicia natural se redondeó, perfeccionándose hasta lo increíble.

En el bien o en el mal, nunca fue bueno; bueno en lo que la palabra significaría platónicamente. La bondad de este hombre siempre queda sin­tetizada en estas palabras:

El proceso no afectó ni mi buen nombre ni mi honor”.

Allí está su bondad, su honor y su honradez. El proceso no “los afec­tó”. Casi, casi podríamos decir que si es bueno, su bondad es de carácter jurídico. Eso mismo. Un excelente individuo, jurídicamente hablando. ¿Y qué más se le puede pedir a un sinvergüenza de esta calaña?

Lo que ocurrió es que flotó, flotó como el maldito corcho. Allí don­de otro pobre diablo se habría hundido para siempre en la cárcel, en el deshonor y la ignominia, el ciudadano Corcho encontró la triquiñuela de la ley, la escapatoria del código, la falta de un procedimiento que anulaba todo lo actuado, la prescripción por negligencia de los curiales, de las aves negras, de los oficiales de justicia y de toda la corte de cuervos lus­trosos y temibles. El caso es que se salvó. Se salvó “sin que el proceso afectara su buen nombre ni su honor”. Ahora sería interesante establecer si un proceso puede afectar lo que un hombre no tiene.

Donde más ostensibles son las virtudes del ciudadano Corcho es en las “litis” comerciales, en las trapisondas de las reuniones de acreedores, en los conatos de quiebras, en los concordatos, verificaciones de crédi­tos, tomas de razón, y todos esos chanchullos donde los damnificados creen perder la razón, y si no la pierden, pierden la plata, que para ellos es casi lo mismo o peor.

En estos líos, espantosos de turbios y de incomprensibles, es donde el ciudadano Corcho flota en las aguas de la tempestad con la serenidad de un tiburón. ¿Que los acreedores se confabulaban para asesinarlo? Pe­dirá garantías al ministro y al juez. ¿Que los acreedores quieren cobrar­le? Levantará más falsos testimonios que Tartufo y su progenitor ¿Que los falsos acreedores quieren chuparle la sangre? Pues, a pararse, que si allí hay un sujeto con derecho a sanguijuela, es él y nadie más. ¿Que el síndico no se quiere “acomodar”? Pues, a crearle al síndico complicacio­nes que lo sindicarán como mal síndico.

Y tanto va y viene, y da vueltas, y trama combinaciones, que al fin de cuentas el hombre Corcho los ha embarullado a todos, y no hay Cristo que se entienda. Y el ganancioso, el único ganancioso, es él. Todos los demás ¡van muertos!

Fenómeno singular, caerá, como el gato, siempre de pie. Si es en un asunto criminal, se libra con la condicional; si en un asunto civil, no paga ni el sellado; si en un asunto particular, entonces, ¡qué Dios os li­bre!

Tremendo, astuto y cauteloso, el hombre Corcho no da paso ni pun­tada en falso.

Y todo le sale bien. Así como en la escuela pasaba los exámenes aun­que no supiera la lección, y en el examen siempre acertó por una bolilla favorable, este sujeto, en la clase de la vida, la acierta igualmente. Si se dedicó al comercio, y el negocio le va mal, siempre encuentra un zonzo a quien endosárselo. Si se produce una quiebra, él es el que, a pesar de la ferocidad de los acreedores, los arregla con un quince por ciento a pa­gar en la eternidad, cuando pueda o cuando quiera. Y siempre así, falso, amable y terrible, prospera en los bajíos donde se hubiera ido a pique, o encallado, más de una preclara inteligencia.

¿Talento o instinto? ¡Quién lo va a saber!
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