domingo

MARCO GIORGI “LO MÁS FASCINANTE DEL SURF ES EL ESTADO DE MENTE Y DE PAZ QUE TRAÉS AL SALIR DEL AGUA”



En esta oportunidad, responde Las 10 de la semana Marco Giorgi, surfista nacido en La Paloma, Rocha, y radicado en Brasil, que con su tabla ha escrito capítulos históricos del surfing uruguayo.

A sus 29 años, el único embajador nacional en el QS de la WSL está en Hawaii, y mantiene el foco puesto en el Championship Tour 2018, un horizonte al alcance de sus capacidades  y aún posible según la calculadora…

Giorgi llegó a estar 24º del mundo en el ranking WQS, se metió en cuartos de final en el WQS Xcel Sunset Pro 2008 (y derrotando al gran Andy Irons), o culminó tercero en el WQS 6 estrellas de Tasmania en 2010, donde venció a Jordy Smith, Sunny Garcia y otros.

Esta temporada representó a Uruguay en el ISA World Surfing Games 2017, celebrado en Biarritz, Francia, además de sellar otra conquista única, ganando en abril de 2017 el Pro Santa Cruz en Portugal, dejando por el camino a surfistas como Kanoa Igarashi, Pedro Henrique, Vicente Romero o Thiago Camarao.

El 2 de febrero de 2016 cosechó otro triunfo histórico para el surfing celeste, logrando el 5to puesto en el prestigioso Volcom Pipe Pro de la WSL, quedando eliminado en la semifinal nada menos que por detrás de Kelly Slater, el 11 veces campeón del mundo, y el hawaiano Bruce Irons.

Posicionado hoy entre los 50 mejores del ranking mundial (43) y faltando 2 eventos de peso en Hawaii, para meterse en el CT 2018 Marco necesita unos 13000 puntos aproximadamente (es decir, llegar a 2 finales, o facturar una victoria y una semifinal), según el último pronóstico de escenarios realizado por Surfline.

Hace poco, tal como anunciamos en Salvaje, Marco lanzó “Looking for a job”, un grito en busca de un patrocinio que colabore justamente en su campaña de ingresar al preciado Championship Tour 2018 y así batallar, codo a codo, entre los mejores del globo.

Lo que más extrañás y te recuerda a Uruguay (y lo mismo de Brasil, cuando estás de viaje)…

Creo que el tiempo de las cosas en Uruguay es un poco más lento todo, aunque no sea siempre positivo, me gusta esa paz y velocidad de las cosas. También, los alfajores y bizcochos, jeje. El mate siempre lo cargo conmigo, así que es como que me llevo un pedacito de Uruguay siempre conmigo. De Brasil extraño mi casa y rutina, a veces nomás.

Si tuvieras que elegir un momento que lo cambió todo en tu vida…

La primera vez que fui a Hawaii, me abrió los ojos al surfing profesional. Hawaii significa mi lado fuerte en el surfing, mi principio de carrera y algunas de mis mejores olas surfeadas.

Además de viajar, explorar nuevas olas y competir, ¿cómo es el entrenamiento de Marco Giorgi?

Yoga , entrenamiento funcional, pesca acuática y buenos hábitos.

¿Qué tanta importancia das a la alimentación? ¿Cómo son, por ejemplo, los desayunos o almuerzos de Marco Giorgi?

Mucha. Somos lo que comemos. Comiendo bien y saludable, hasta el humor cambia, la energía, el pensamiento, todo. Cuanto mejor comemos, más positivos y activos somos. Esos dos factores son la llave para un buen rendimiento adentro del agua. Mis desayunos son un limón exprimido con agua tibia en ayuno y después, esperar por lo menos media hora para comer algo. Me gusta comer fruta de mañana, pero no mucho.

Mis almuerzos son básicos, bastante ensalada, algún grano, vegetales, no mucha mezcla y poca carne. He comido poca carne últimamente y estoy pensando en dejarla por completo.

Un músico que todos deberíamos escuchar

Graham Nash.

Un surfer siempre inspirador…

Dane Reynolds.

Sin ser el surf, ¿qué otras actividades son el combustible de tu vida? ¿Qué cosas hacés cuando no surfeas?

Yoga, sin duda. Es lo que me mantiene con la cabeza sana, además de viajar, hacer skate, conocer mujeres…

En abril de 2017 cosechaste otro triunfo histórico para Uruguay, ganando el Pro Santa Cruz, ¿cuál es tu próxima meta profesional?

Ganar un evento mayor y entrar a la gran liga, este año luego de Hawaii, quiero estar completamente enfocado en la recta final. Ahora estoy en Hawaii, tengo los últimos campeonatos del año acá, después en diciembre pretendo ir a Uruguay a visitar y luego empiezo a entrenar para el año que viene. Empieza Hawaii y Australia en febrero, pero la verdad que el calendario del año que viene no salió todavía. Así que alguna cosa puede cambiar…

Una experiencia salvaje que se te venga a la memoria…

Atravesar tres islas de Indonesia en moto con 2 tablas y música en los oídos a toda velocidad para surfear un diamante escondido con solo un amigo.

¿Qué es lo más fascinante del surf?

El estado de mente y paz que trae al salir del agua.

 ¿Qué has aprendido del océano?

Respeto, amor a la vida y saber compartir.

(Salvaje / 10-11-2017)

DIÁLOGO ENTRE SUSAN SONTAG Y JORGE LUIS BORGES




VASOS COMUNICANTES
(Transcripción de Christian Kupchik)

Si esto fuera una entrevista, ¿quién entrevista a quién? ¿o es un diálogo? Pero ¿qué clase de diálogo? ¿Un diálogo en la cumbre (de la literatura)? ¿Un diálogo interamericano? ¿De discípulo a maestro? ¿Intergeneracional? ¿o más bien, y simplemente, una reflexión al alimón sobre la literatura, una de las raras manifestaciones públicas de la muy selecta y secreta Sociedad de los Lectores? Sea lo que sea, he aquí un histórico encuentro entre dos indiscutibles estrellas de la literatura americana sin fronteras. El encuentro entre Susan Sontag y Jorge Luis Borges se produjo durante la Feria del Libro de Buenos Aires.

Susan Sontag: Quisiera contar algo… Me quedaré una semana en Buenos Aires y, naturalmente, estoy muy feliz por haber sido invitada a participar en la Feria del Libro y poder, de esta forma, conocer Argentina. Pocos días antes de viajar, recibí una llamada de un periodista a quien el Departamento de Estado de los EE. UU. le había solicitado que me entrevistase. Él me preguntó: «¿Cómo se siente respecto a su viaje a Argentina?». Le dije que estaba extremadamente feliz, siempre había esperado con ansiedad la posibilidad de conocer Argentina; entonces, para mi sorpresa e intranquilidad, me dice: «¿Por qué precisamente Argentina?», a lo que respondí: «Porque siempre he querido conocer la tierra de Borges». El periodista rio nerviosamente y dijo: «Sí, sí, claro, es un gran escritor, ¿pero existe alguna otra razón por la cual esté tan feliz de viajar?». Sentí entonces que me estaba portando muy mal, y que debía ponerme seria por un momento, así que agregué: «Bueno, también quiero ir a Argentina para expresar mi admiración por el regreso del país a la democracia». Por supuesto, siento la primera razón con mucha más fuerza, ya que Borges no solamente es un escritor conocido por todos, sino también muy admirado por otros escritores. Nos ha enseñado muchos nuevos trucos, cosa que apreciamos mucho, ya que esos nuevos juegos que aprendimos luego los podemos aprovechar. Quizás no sea tan fácil para Borges estar en esta posición. En una entrevista, una vez dijo algo que quisiera citar: «Me he cansado mucho de laberintos, tigres, espejos, especialmente cuando son otros los que los usan». Y luego agregó (y esta es la parte que me encantó, porque Borges sabe sacar ventaja de la desventaja): «Esa es la ventaja de tener imitadores: tanta gente está haciendo lo que yo hacía, que ya no es necesario que yo lo haga». Quisiera, pues, cederle la palabra a Borges, para que explique qué ha significado para usted esa influencia que ha ejercido sobre tantos escritores, aunque no sé si realmente la imagina, ya que cuando habla siempre es tan modesto respecto a su propia obra.

Jorge Luis Borges: No, no soy modesto, soy lúcido simplemente. Me asombra ser conocido, jamás pensé en eso. Y me llegó después de bien cumplidos los cincuenta años, la gente me notó y dejé de ser el hombre invisible que había sido hasta entonces. Ahora estoy acostumbrado a ser visible, pero siempre me cuesta un esfuerzo terrible. En realidad, estoy muy asombrado de la generosidad de todos; a veces pienso que soy una especie de superstición, aunque bastante difundida ahora. Pero en cualquier momento pueden descubrir que soy un impostor; en todo caso, soy un impostor involuntario. Está bien, vamos a mantener esta ficción en la cual yo soy un buen escritor, pero ya que es un juego, juguémoslo entre todos, siempre que no lo tomemos demasiado en serio.

S.: Una de las cosas que amo en usted como figura literaria…

B.: Desgraciadamente, soy una figura literaria.

S.: [Riendo.] Bien, lo que quería decir es que usted está ansioso por darse a la admiración…

B.: No, la admiración no. Lo que yo quería es la amistad y la indulgencia de todos.

S.: Usted habla a menudo con admiración de otros escritores, sobre todo de los escritores del pasado…

B.: Y sobre todo del pasado americano, al que yo tanto le debo. Si pienso en Nueva Inglaterra, en la cantidad de gente valiosa que New England ha dado al mundo (quizás los astrólogos sepan algo de esto) y comienzo a enumerarlos, ahí están Emerson, Melville, Thoreau, Henry James, Emily Dickinson y tantos otros. Si no hubieran existido ellos, no existiríamos nosotros, que somos de alguna manera una proyección de aquella constelación de Nueva Inglaterra.

S.: Pero en un principio usted estaba interesado en la literatura inglesa.

B.: Sí, pero la primera novela que leí en mi vida fue Huckleberry Finn, de Mark Twain. Y luego leí La conquista de México del Perú, de Prescott. Y sigo continuamente agradecido, continuamente recibiendo y tratando de no ser del todo indigno con mis maestros. Yo pienso que en un escritor influye todo el pasado, no sólo un país o un idioma, sino también los escritores que no ha leído, aun los que le llegan por parte del idioma, ya que el idioma, como lo ha dicho Croce, es un hecho estético, y ese idioma es la obra de miles de personas. Yo he perdido mi vista en el año 1955, y desde entonces me dedico más a releer que a leer. La relectura es una actividad que considero muy importante, ya que uno renueva el texto: el libro y uno, ya no somos lo mismo en el momento de la relectura. Como dijo Heráclito: «Nadie se baña dos veces en el mismo río». El río fluye, y Heráclito también fluye, y yo soy ese viejo Heráclito bañándome no en ese mismo río, sino en otro, agradeciendo la frescura de esas aguas.

S.: Nadie lee dos veces el mismo libro.

B.: Es cierto.

S.: La actitud que usted expresa y que yo comparto absolutamente ya no es tan común, dado que mucha gente lo que ansía es la originalidad.

B.: Yo creo que la originalidad es imposible. Uno puede variar muy ligeramente el pasado, apenas, cada escritor puede tener una nueva entonación, un nuevo matiz, pero nada más. Quizá cada generación esté escribiendo el mismo poema, volviendo a contar el mismo cuento, pero con una pequeña y preciosa diferencia: de entonación, de voz, y basta con eso.

S.: ¿Hay alguna otra literatura, aparte de la inglesa y la americana, que le interese?

B.: Sí, sobre todo la literatura escandinava, las sagas, las eddas islandesas… bueno, toda literatura es preciosa. Imaginarse el mundo sin Verlaine, por ejemplo, sin Hugo, sería muy triste, imposible. Pero ¿por qué abstenernos de algo? ¿Por qué ser un asceta de las bibliotecas? Las bibliotecas nos ofrecen una continua felicidad, una felicidad accesible. Quizá, si yo fuera Robinson Crusoe, el libro que llevaría a mi isla sería la Historia de la filosofía occidental, de Bertrand Russell, quizá me bastara con eso. Aunque si me dejaran llevar una enciclopedia sería mucho mejor, ya que para un hombre ocioso y curioso como yo, la mejor lectura es la de una enciclopedia. Está la más antigua de todas, la de Plinio, o también las modernas, como la Británica o la Europea, pero todas son preciosas.

S.: Si yo estuviera en una isla desierta no me llevaría precisamente la Historia de la filosofía de Bertrand Russell, ya que pienso que es una historia filosófica muy superficial.

B.: Sí, pero como yo soy un lector muy superficial…

S.: [Riendo.] Bueno, si pienso que usted la ve como una obra de ficción…

B.: Es que la filosofía es una ficción, el mundo entero es una ficción; yo, sin duda, soy ficción…

S.: Pensé que diría eso…

B.: Sí, no soy muy asombroso… pero ¿cuál es el libro que usted llevaría a una isla?

S.: Pienso que llevaría el Roger’s Treasure

B.: Una excelente elección, sin duda.

S.: ¿Qué tipo de literatura le gustaría hacer ahora?

B.: La que hago. Estoy escribiendo poemas y cuentos cortos; no me gustan pero siento una necesidad.

S.: Para mí, publicar lo que escribo es una forma de deshacerme de aquello que me obsesionaba íntimamente de hacerlo, si no siguen persiguiéndome; pero una vez escritos, puedo pasar a otra cosa. Acabo de publicar un libro que se llama Los conjurados que reúne unas treinta o cuarenta piezas cortas, no sé si buenas o demasiado ambiciosas. A usted siempre le han gustado más las formas cortas que las largas.

B.: Bueno, como decía Poe, no existe tal cosa como un poema largo.

S.: Pero existe algo así como una historia larga, eso que llamamos novela.

B.: Sí. Pero por lo general yo he sido derrotado por el género. Salvo en el caso de El Quijote, de Conrad o de Dickens, las novelas más famosas, como las de Thackeray o Flaubert, me han derrotado. Lo siento…

S.: Una de las cosas más sorprendentes es nuestro común interés por la literatura japonesa.

B.: Sí. Yo estoy tratando de estudiar japonés, pero es un lenguaje tan complejo que nuestras lenguas occidentales son al japonés lo que el guaraní es al castellano. Es un idioma lleno de matices, por eso uno puede leer diversas traducciones de los haikus y son completamente distintas entre sí, pero al mismo tiempo todas son fieles, ya que los originales son sabiamente ambiguos, como los textos de Henry James.

S.: Una de las cosas que me interesan de la literatura japonesa es su pasión por la miniaturización.

B.: Y el valor del instante, que es lo que salta a la vista en el haiku, como si quisieran atrapar el instante. También he notado la ausencia de metáforas, como si los japoneses sintieran que cada cosa es única, que nada puede compararse con nada. En cambio, el contraste sí existe, eso abunda. Recuerdo un haiku muy hermoso que dice: «Sobre la gran campana de bronce se ha posado una mariposa». La perdurable campana y la suave, efímera, mariposa: basta con ese contraste, ambas cosas no se comparan.

S.: Lo que usted diría es que la acción de una metáfora sería prolongar algo más allá de un instante.

B.: Claro, sería lo contrario del objetivo de la literatura japonesa, que quiere retener el instante.

S.: Quizá lo que más me atrae de la literatura japonesa es una forma muy particular, que parece muy moderna y sin embargo es muy antigua: consiste en un libro hecho por notas tomadas en distintas épocas. Pienso que todo escritor está buscando siempre una forma ideal, especialmente escritores como Borges o como yo, que siempre intentamos formas distintas expresando una continua insatisfacción por la fórmula única. La forma ideal en mi imaginación sería aquella en la cual podría poner todo: cada día, al sentarme a escribir lo que necesitase, todas las palabras se amoldarían a esta forma única. Pensemos que sólo tenemos libros de notas o dietarios en la literatura occidental realiza- dos en los últimos cien años, en tanto que el ejemplo japonés más conocido data del siglo XI. ¿Usted alguna vez tuvo interés en llevar un diario?

B.: No. Soy demasiado haragán para ese género. Escribir todos los días no puedo, cada día soy más haragán.

S.: Sin embargo, volvió a escribir mucho.

B.: Bueno, todo lo que yo publico, por imperfecto que parezca, presupone diez o quince borradores anteriores. Yo no puedo escribir sin borradores, y en la última versión agrego un descuido evidente para que todo parezca espontáneo.

S.: La mayoría de los escritores están siempre quejándose de lo difícil que es escribir…

B.: No. Lo terrible sería no escribir. Para mí sería imposible.

S.: Está muy claro que Borges es una excepción. Usted siempre comunica en primer lugar ese amor generoso por la literatura, y también evoca constantemente el placer del principio, tanto cuando habla de la escritura como de la lectura. Pienso que es un correctivo fantástico para la tremenda autocompasión de tantos escritores. Creo que ser escritor es una vocación muy rara, muy extraña. Casi todos los escritores que conozco, y me incluyo, sabían desde muy temprana edad que querían serlo.

B.: Bueno. Conrad y De Quincey al menos lo sabían, y yo, sin compararme con ellos, siempre supe que mi destino serían las letras, como escritor o como lector, pero estaría unido a la literatura.

S.: ¿Imaginó alguna vez los libros que publicaría?

B.: No, nunca pensé en ello. Pensé en el placer de leer y en el placer de escribir, pero en publicar no. Jamás.

S.: ¿Cree usted que pudo haber sido un escritor como Emily Dickinson, que no publicó en vida?

B.: Sí, pero cometí esa imprudencia. En una ocasión le pregunté a Alfonso Reyes por qué publicamos, y Reyes me contestó: «Publicamos para no tener que pasarnos la vida corrigiendo borradores». Creo que tenía razón; cada vez que se publica un libro mío yo no me entero de qué es lo que ocurre con él, no leo absolutamente nada acerca de lo que se escribe sobre él. Ni sé si se vende o no. Trato simplemente de soñar con otras cosas y escribir un libro distinto, pero generalmente me salen muy parecidos al anterior.

S.: Una vez le preguntaron a Valéry como sabía cuándo se terminaba el poema, y contestó: «Cuando viene el editor y se lo lleva».

B.: ¡A mí siempre me asombra tanto cuando se habla de edición definitiva! ¿Cómo puede ser que un autor no pueda arrepentirse de un punto incómodo o un adjetivo? Es absurdo.

S.: Yo también siento que me gustaría volver a escribir casi absolutamente todo lo que he escrito…

B.: Y yo querría destruir todo lo que he escrito. Me gustaría salvar un libro, El libro de arena, quizá La cifra también; pero lo demás puede y debe olvidarse.

S.: [Riendo.] Cuando releo lo que he escrito (trato de hacerlo lo menos posible) me siento muy deprimida, o porque creo que es malísimo y me duele que exista o porque pienso que es muy bueno y que nunca más podré escribir algo como eso. Pero no soy tan fuerte como usted, ya que no puedo imaginarme escribir sin publicar: para mí la publicación es una forma de deshacerme de aquello que me obsesionaba. Todo el proceso de la escritura está en función de una metáfora hidráulica en la cual yo tengo que mantener los grifos abiertos, y si lo produzco, me tengo que deshacer del libro, y la única forma de lograrlo es publicando.

B.: Cuando publica, luego cambia de tema ¿no?

S.: No sólo cambio de tema sino que generalmente también cambio de opinión, lo cual a veces resulta bastante incómodo, porque la actitud seria, adulta, responsable, exige estar quieto detrás, respaldando lo que uno ha producido.

B.: Y la actitud comercial, también…

S.: No, no creo que sea la actitud comercial. Existen libros míos publicados hace veinte años, por ejemplo, y si ahora me encuentro con un joven que me está leyendo por primera vez a través de ese libro, me sentiría muy poco amable, muy grosera si le dijera que eso que está leyendo y que escribí yo, ya no me interesa. Y no es culpa de nadie que la vida pase, que haya un nacimiento o que un ser querido haya muerto. Esto no significa que no me sienta contenta si están leyendo mis libros, sino que ya no me atañen más. Mi tarea es estar más allá de los libros publicados, descartarlos. Es una especie de convicción esquizofrénica, porque hay una parte mía que dice sí, que quiere que mis libros continúen siendo leídos, pero hay otra parte: la parte creativa, la parte de donde proviene la escritura. La primera parte, si podemos llamarle así, es el lector, y yo también soy lectora, pero mi parte de escritora, que está más anticipada, más limitada, más pervertida, no está interesada en mis libros. Entonces, me intereso solamente por lo que estoy escribiendo ahora o por lo que voy a escribir cuando termine esto que estoy haciendo ahora. Si he hecho algo, siempre quiero contradecirlo, y me siento libre de contradecirlo ya que yo lo he hecho: cierta postura que pude haber adoptado en un momento, con total honestidad y habiéndola meditado seriamente a su hora, bueno, de pronto la veo distinta. Esto hace que yo no sea muy buena hablando de mis propias obras y por ello me gusta más hablar acerca de la obra de otros escritores. La gente dice de mí que soy demasiado modesta porque no me gusta hablar de mis libros y sí de los otros, pero siempre debo aclarar que no se trata de una cuestión de modestia, sino que, con toda honestidad, no sé hablar de mis libros. Es como si no pudiese estar fuera y dentro a la vez. ¿Tiene usted alguna experiencia de ese tipo?

B.: No sé, yo nunca releo lo que he escrito, lo olvido fácilmente…

S.: Es hermoso olvidarse ¿no?

B.: Una purificación.

S.: Pero parece ser que es a la propia obra a la que uno no puede acceder como a la obra de otro. La gente siempre me pregunta: «¿Cómo distingo yo entre literatura y otros libros?», ya que, por supuesto, la mayoría de lo que aparece en forma de libro no es literatura, sino «productos» en forma de libros. Pienso que la definición más simple de qué es la literatura viene dada por la necesidad de relectura que el libro en cuestión puede suscitar. Luego se transforma en una especie de familia del discurso, en el cual uno pasa a formar parte del mismo.

B.: En el caso de la poesía tiene que ser ligeramente misteriosa, me parece, tiene que haber algo en las cadencias, no puede ser explicable…

S.: ¿Qué piensa Borges de las diferencias entre prosa y poesía? Yo siempre sospecho de todas las dicotomías, no creo que puedan ser divididas en dos cosas. Es lo que ocurre con términos como «izquierda» y «derecha»: tan pronto se observan un poco a fondo, cualquier diferencia se derrumba.

B.: Yo creo que la diferencia esencial está en el lector, no en el texto. El lector, ante una página en prosa espera noticias, información, razonamientos; en cambio, el que lee una página en verso sabe que tiene que emocionarse. En el texto no hay ninguna diferencia, pero en el lector sí, porque la actitud del lector es distinta.

S.: Yo podría adoptar la posición opuesta: si Dante es poesía, ciertamente hay mucha información, mucho argumento en su obra; si Kafka es prosa, no hay información ni noticias. Yo creo que la diferencia no está en la cantidad de información que pueda tener un texto, o si tiene un argumento o no.

B.: No, no, yo no he dicho eso. He dicho que lo que el lector busca es una cosa, pero no que los libros sean genéricamente distintos. Por ejemplo, creo que un clásico no es un libro escrito de cierto modo sino leído de un cierto modo.

S.: Entonces, ¿usted cree realmente que existen diferentes tipos de lectores?
B.: La originalidad es imposible, cada escritor puede tener una nueva entonación, aportar un nuevo matiz, pero nada más.
B.: Tantos tipos de lectores como lectores hay en el mundo. Del mismo modo que pienso que cada página de poesía o prosa es única.

S.: Nosotros hemos dedicado tanto tiempo a la lectura que me asombro cuando otro escritor me pregunta: «¿Cómo encuentra usted tiempo para leer?». Existe la tendencia a convertirse en una máquina de producción, de tal modo que este puede llegar a ser el motivo central de su vida y entonces, la lectura se convierte en una distracción, o sea, «distrae» de esa productividad que debe poseer al escribir. A veces también pienso que lo que más me gustaría sería no escribir, ya que es con la lectura como disfruto total y absolutamente, pero en ocasiones me digo: «Bueno, no puedo estar leyendo todo el tiempo, es mejor que escriba un poco». Cuando hablo de la lectura, no me refiero a que me perjudique para escribir, sino que para mí constituye un placer. No sé, parecería que leer es mucho más sencillo que ver la televisión…

B.: ¡Es que es mucho más difícil ver la televisión! A mí, por suerte, la ceguera me defiende.

S.: [Riendo.] Estoy totalmente de acuerdo con usted, Borges. Debemos aumentar la comunidad de lectores.

B.: Sí. Porque es una especie en vías de extinción. Escritores, sí, quedan muchos, pero lectores casi ninguno. Fundaremos la Secta de los Lectores, una sociedad secreta de lectores.

(publicado en Quimera 400, marzo de 2017)

JUDITH BUTLER - EL FANTASMA DEL GÉNERO / DERECHO A REPLICA



¿Quién le teme a Judith Butler y por qué? ¿Sobre qué panicos morales se apoyaron las movilizaciones que repudiaron su presencia en Brasil? En esta nota escrita especialmente para ser publicada en exclusiva para la revista Follia de Brasil y el suplemento SOY de Argentina, explica por qué ese escarnio público, con simulacro de quema de brujas, se encuentra íntimamente ligado a los peligros que afronta hoy la democracia en todo el mundo, que por otra parte era el tema de la conferencia que había ido a dar. Y de paso, una clase magistral sobre el género, para todos y todas.

Desde el primer momento las manifestaciones contra mi presencia en Brasil quedaron atrapadas dentro de una fantasía. Una petición pedía la cancelación de una supuesta charla mía en el Sesc Pompeia que nunca existió. La charla imaginaria parecía ser acerca de “género”. Pero la conferencia real se tituló “¿El fin de la democracia?”. Así desde el comienzo hubo una charla imaginaria en lugar de la conferencia real, y se decía que yo iba a dar una ponencia, cuando en verdad yo era la organizadora de un evento internacional sobre populismo, autoritarismo y la impresión contemporánea de que la democracia está siendo atacada. No sé cuánto poder le atribuyeron a la charla que yo supuestamente iba a dar. Habrán tenido la idea de una conferencia muy poderosa, dado que aparentemente era para atacar a la familia, la moral e incluso la nación. 

El único significado que “Judith Butler” tenía para aquellos que se oponían a mi presencia en Brasil era el de una instigadora de la ideología de género, la fundadora imaginaria de este punto de vista absurdo y nefasto, alguien que -aparentemente- cree en la inexistencia de las restricciones sexuales, cuya teoría destruye la enseñanza religiosa y refuta datos científicos. ¿De dónde surgió todo esto y qué significa?

Comparemos lo que yo en efecto escribí, y en lo que creo, con esta corrosiva ficción que ha generado tanta alarma. A fines de 1989, hace casi treinta años, publiqué un libro llamado El género en disputa, donde daba cuenta del carácter performativo del género. ¿Qué significa eso? A todos se nos ha asignado un género desde el nacimiento, somos nombrados por los padres o las instituciones sociales de ciertas maneras. A veces cuando un género se asigna, se dan una serie de expectativas en relación a éste: ésta es una niña, entonces asumirá un rol femenino tradicional en la familia y en su lugar de trabajo cuando crezca. Este es un niño, así que asumirá un rol predecible en la sociedad cuando crezca. Muchas personas experimentan dificultades con esa asignación, no están conformes con esas expectativas, y sienten que parte de lo que son se aparta de la asignación social que se les ha otorgado. Así que la pregunta que se desprende de esto es la siguiente: ¿Qué tan libres son las personas jóvenes y los adultos para elaborar el significado de su asignación de género? Han nacido en una sociedad pero también son actores sociales que le dan forma a sus vidas para que sean más vivibles. Y las instituciones sociales, incluyendo las instituciones religiosas, escuelas, y los servicios sociales y de salud, deberían ser capaces de ayudar a las personas a que lleguen a saber cómo vivir mejor en sus cuerpos, perseguir sus deseos y establecer relaciones que les satisfagan. Algunas personas viven en paz con el género que se les ha asignado, pero otras sufren cuando se ven obligadas a conformarse con normas sociales que anulan su más profunda vivencia de quienes son o desearían ser. Y para esas personas la necesidad de establecer los términos de una vida vivible es urgente.

Qué ven cuando me leen

Así que, ante todo, El género en disputa buscaba afirmar la complejidad de nuestras identificaciones de género y deseos y unirse a aquellos que dentro del movimiento LGBTQ contemporáneo creían que una de las libertades fundamentales que deberían respetarse es la libertad de expresión de género. ¿Era ésta una negación de la existencia de las diferencias naturales entre los sexos? Ciertamente nunca lo fue. Aunque subrayé que había diferentes paradigmas científicos para determinar las diferencias entre los sexos, y que ciertos cuerpos tenían atributos mixtos que los vuelven difíciles de clasificar, también afirmé que la sexualidad humana toma diferentes formas, y que no debemos suponer que conocer el género de alguien nos dará ninguna clave sobre su orientación sexual. Un hombre masculino puede ser gay o heterosexual, y lo mismo se aplica a una mujer masculina. Nuestras ideas sobre la feminidad y masculinidad varían según las culturas y no hay significados estáticos para esos términos. Hay dimensiones culturales de nuestras vidas que asumen diferentes significados a lo largo de la historia, y dado que nosotros mismos somos actores sociales tenemos cierta libertad para determinar esos significados. Pero el objetivo de aquella teoría era el de producir aceptación para el amplio espectro de identidades y deseos que constituyen nuestra complejidad como seres humanos.

Tanto ese trabajo como los que le siguieron estuvieron dedicados a condenar la violación y la violencia corporal. Más aun, la libertad para buscar la expresión de género o vivir como lesbiana, gay, bisexual, trans o queer (esa lista no es exhaustiva) solo puede garantizarse en una sociedad que se niegue a aceptar la violencia contra las mujeres y las personas trans, que se niegue a aceptar la discriminación en base al género y a patologizar a aquellos que han acogido esas categorías con el fin de vivir vidas con dignidad, alegría y libertad. El compromiso era oponerse a las formas de daño que socavan la posibilidad de vivir con alegría y dignidad. Así que me opongo inequívocamente a la violación, el acoso y la violencia, y todas las formas de explotación de niños. La libertad no es, y nunca será, la libertad de hacer daño. Si una acción libre hiere a otra persona o la priva de libertad, entonces el primer acto no puede considerarse libre; se convierte en una acción perjudicial. De hecho, lo que me ha preocupado es la frecuencia con que las personas que no cumplen con las normas de género y las expectativas heterosexuales son hostigadas, golpeadas y asesinadas. Las estadísticas de feminicidio son un buen ejemplo. Las mujeres que no son lo suficientemente serviles se ven obligadas a pagar con sus vidas. Las personas trans y travestis que solo desean tener la libertad de moverse en el espacio público tal como son y desean ser, son atacadas y asesinadas. Muchas mujeres pueden perder a sus hijos si salen del closet, muchas personas todavía pierden sus trabajos y lazos familiares al salir. El sufrimiento que generan el ostracismo social y el señalamiento son enormes. La injusticia radical del feminicidio debería ser condenada mundialmente y las profundas transformaciones sociales que harían que tal crimen sea impensable tienen que ser instigadas y sostenidas por los movimientos sociales y las instituciones que se niegan a permitir la muerte de personas por su género y sexualidad. En Brasil una mujer es asesinada cada dos horas. La reciente tortura y posterior asesinato de Dandara dos Santos en Fortaleza no fue más que un ejemplo gráfico de la matanza generalizada de personas trans en Brasil, que le ha valido la reputación de ser el país más conocido por los crímenes de odio contra personas LGBT.

Estos son los claros daños sociales y atrocidades a los que me opongo, y mi libro, y el movimiento queer del que es parte, han tratado de producir un mundo sin sufrimiento y violencia de este tipo.

La teoría de la performatividad de género es aquella que busca comprender la formación de género y apoyar la idea de la expresión de género como un derecho y una libertad básicos. No es una “ideología”. Por lo general, se entiende que una ideología es un punto de vista ilusorio y dogmático, que se ha “apoderado” del pensamiento de las personas de una manera acrítica. Mi punto de vista, sin embargo, es crítico, y se pregunta sobre los tipos de suposiciones que la gente da por sentado en su vida cotidiana, las suposiciones que los servicios médicos y sociales hacen sobre lo que es una familia y lo que cuenta como una vida patológica o desviada.

¿Cuántos de nosotros todavía creemos que el sexo biológico determina los roles sociales que asumimos en la vida? ¿Cuántos de nosotros todavía sostenemos que el significado de lo masculino y lo femenino está determinado por las instituciones de la familia heterosexual y la idea de la nación que impone una noción conyugal de matrimonio y familia? Las familias queer y travestis ponen en acto formas de asociaciones íntimas, compañerismo y cuidados de otros tipos. Las madres solteras tienen diferentes lazos de parentesco. También, las familias ensambladas, donde las personas se han vuelto a casar o se han unido en nuevas fusiones muy diferentes de las estructuras familiares tradicionales. Encontramos sostén a través de muchas formas sociales, incluida la familia, pero la familia también es una formación histórica: su estructura y significado cambian a través del tiempo y el lugar. Si negamos esto, estamos negando la complejidad y la riqueza de la existencia humana.

Género e ideologías

La idea de género como ideología fue introducida por Joseph Ratzinger en 1997 antes de convertirse en el Papa Benedicto. El trabajo académico de Richard Miskolci y Maximiliano Campana rastrea la recepción de esa formulación a través de varios documentos del Vaticano. En 2010, Jorge Scala de Argentina publicó un libro titulado Ideología de género que fue traducido al portugués por una editorial evangélica. Este puede haber sido un punto de inflexión en las recepciones de “género” brasileñas y latinoamericanas. Según la caricatura de Scala, quienes trabajan con los temas de género niegan las diferencias naturales entre los sexos y creen que la sexualidad debería estar libre de todas las limitaciones. Aquellos que se apartan de la norma del matrimonio heterosexual estarían libres de todas las normas. La teoría del género vista a través de tal lente no solo niega las diferencias biológicas, sino que produce un peligro moral. 

En el aeropuerto de Congonhas, una de las mujeres que me confrontó empezó a gritarme acerca de la pedofilia. ¿De dónde viene esto? Puede que ella haya creído que los hombres gay son pedófilos y que el movimiento por los derechos lgbti era propaganda a favor de la pedofilia. Me encontré a mí misma preguntándome por qué un movimiento por los derechos sexuales y la dignidad, contra la violencia sexual y la explotación es acusado de pedofilia cuando es claro que la Iglesia Católica en los últimos años ha refugiado pedófilos, protegiéndolos del enjuiciamiento sin proteger a sus cientos de víctimas. ¿Será que la “ideología de género” se ha convertido en un fantasma del caos y la depredación sexual precisamente para desviar la atención de la explotación sexual y la corrupción moral dentro de la propia Iglesia Católica, una situación que ha sacudido profundamente su autoridad? ¿Tenemos que entender cómo funciona la “proyección” para comprender cómo una teoría del género podría transformarse en “una ideología diabólica”?

El retorno de las hechiceras

Tal vez aquellos que quemaron una esfinge que me representaba como una bruja trans no sepan que aquellas que fueron llamadas brujas y quemadas eran personas cuyas creencias no encajaban con el dogma católico. Históricamente a las brujas se las ha acusado de tener poderes que era imposible que tuvieran y se convirtieron en chivos expiatorios cuya muerte se suponía que iba a limpiar a la comunidad de la corrupción moral y sexual. Se creía que habían cometido herejía, en cooperación con el diablo y que había introducido lo diabólico en la comunidad en lugares como Salem, Massachusetts, Baden, Alemania, en los Alpes, Austria e Inglaterra. Muchas veces ese “diablo” era concebido como una licencia sexual. El fantasma de estas mujeres como el diablo o sus representantes resuena ahora en la ideología “diabólica” del género. La tortura y el asesinato de esas mujeres a lo largo de la Historia como brujas representaban un esfuerzo por reprimir las voces disidentes, aquellas que cuestionaban ciertos dogmas de religión.

Fue gente responsable dentro de la misma Iglesia quien puso fin a esto, que insistió en que la quema de brujas no representaba los verdaderos valores cristianos. Esta era, después de todo, una forma de feminicidio llevado a cabo en nombre de una moralidad y ortodoxia. Aunque no soy especialista en Cristianismo, entiendo que una de sus grandes contribuciones fue la doctrina del amor y la consideración por la vida, muy lejos del veneno de la caza de brujas.

Aunque solo se quemó mi imagen y quedé indemne, la acción me horrorizó, no tanto en mi nombre sino en nombre de aquellas valientes personas queer y feministas en Brasil que buscan defender una democracia donde se afirmen los derechos. Ese gesto simbólico de quemar mi imagen era un modo de enviar un mensaje de amenaza en todos aquellos que creen en la equidad para las mujeres, los derechos de las mujeres y las personas lgbt. Quienes creen en el derecho de los jóvenes a ejercer la libertad de encontrar su deseo y de vivir en un mundo que se niega a amenazar, criminalizar, patologizar o matar a todos aquellos cuya identidad de género o formas de amar no hacen daño a nadie. Esta es también la mirada del Arzobispo Justin Welby, de Inglaterra, quien recientemente afirmó el derecho de los jóvenes a explorar su identidad de género, apoyando una actitud más abierta y de aceptación hacia los roles de género en la sociedad. Esta apertura ética es importante para una democracia que incluya la libertad del expresar el género libremente.
Quizás el foco de “género”, al final, no estaba tan alejado de la pregunta que nos hacíamos en la conferencia, titulada “¿El fin de la democracia?”. Cuando la violencia y el odio se convierten en instrumentos de la moralidad religiosa y política, entonces la democracia está amenazada por aquellos que desgarran el tejido social, castigan la diferencia y socavan los lazos sociales necesarios para que se sostenga nuestra coexistencia aquí en la tierra. Recordaré Brasil por todas las personas generosas y reflexivas, ya sean seculares o religiosas, que trataron de bloquear los golpes y detener el odio. Son ellos quienes parecen saber que el “fin” de la democracia es mantener viva la esperanza de una vida común no violenta y el compromiso con la igualdad y la libertad, donde la intolerancia sea superada por la valiente afirmación de nuestras diferencias. Entonces todos comenzaremos a vivir, respirar y movernos con mayor facilidad y alegría, el objetivo último de la valiente lucha democrática a la que me siento orgulloso de pertenecer es ser libre, ser tratado como un igual y vivir juntos sin violencia.

Traducción Dolores Curia

(Página 12 / 27-11-2017)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Google+